Entrevista a Javier Capitán (Presentador en radio y televisión)

Este es un pequeño homenaje a un programa que mataba el tiempo de forma muy eficiente, “El Informal”. Un programa de humor y actualidad que arrasó a nivel de audiencias durante sus casi cuatro años de emisión (1998-2002) . Luego, como el propio entrevistado relata, fue sustituido por una imitación más barata que prescindía de los presentadores. Esta es una entrevista, realizada hace más o menos un año, al máximo ideólogo de aquel hito, Javier Capitán. Capitán es el actual presentador de “El Noticiero” en la televisión online MobuzzTV.

Se encuentra en los estudios de Radio Nacional de España donde atiende a nuestras preguntas.

– ¿En qué habías trabajado antes de empezar con El Informal?

Javier Capitán: En televisión había hecho un programa en Telemadrid que se llamaba “La Verbena”. Lo hacíamos Luis Figuerola-Ferretti, Ana García Obregón y yo, y era mensual. Creo que hicimos seis programas. En televisión no hicimos nada más. Habíamos colaborado con Carlos Herrera en su programa Primero izquierda (TVE), pero eso eran colaboraciones más esporádicas.

– ¿Cómo surgió la idea de crear un programa que mezclase actualidad y humor como El Informal?

J. C: La génesis fue una campaña electoral. Hicimos una cosa que se llamaba En Tienda de Campaña, una visión humorística de la campaña electoral (la de 1996). De ahí nació la posibilidad de plantear eso como un programa, con el referente de uno que existe en Italia desde hace ya bastante tiempo. Un programa de humor sobre la actualidad pero muy distinto a El Informal. Muy al estilo italiano, con presentadores histriónicos, chicas que se ponen a bailar encima de la mesa… Yo hice un piloto (de El Informal) con un equipo de guionistas, y se quedó en stand by porque por entonces estaba el Telecupón, y era difícil moverlo. Luego Telecinco encargó bastantes capítulos más, para esa misma posibilidad. Al final le dijo a Globomedia (productora de televisión) que se pusiesen de acuerdo conmigo, porque aquello se aproximaba a lo que ellos querían. Globomedia y yo nos pusimos de acuerdo y así empezamos.

– ¿Y cómo fue la búsqueda de los colaboradores?

J. C: Sinceramente fue una búsqueda en muy poco tiempo, desde que se tomó la decisión hasta que empezamos pasó muy poco. Hicimos una prueba con cinco personas para buscar presentadores. Inicialmente había dos posibilidades: un guionista que no había hecho imagen o Florentino (Fernández). Hubo mucha gente que apostaba por el guionista, pero pensamos que él y yo íbamos a estar muy en la misma línea. Entonces con Florentino buscábamos un contraste muy claro, dos presentadores muy distintos. Felisuco había estado en algunos proyectos de Globomedia con buen resultado. Inicialmente fue Inma del Moral (luego fue sustituida por la actual presentadora de “Sé lo que hicisteis…” Patricia Conde), que había tenido algún contacto con Globomedia y yo había hablado con ella, la que se incorporó. Era un perfil distinto al que sería luego. Era nuestro contacto fuera, no tanto para hablar con la gente de la calle sino para hablar con autoridades, etc.

– ¿Qué era lo que más te gustaba de El Informal?

J. C: El Informal tenía muchas lecturas distintas. La gran ventaja es que tenías muchas cosas diferentes en cada programa y a cada uno le gustaba más una parte u otra. Había gente que se enganchaba con el humor más obvio, más inmediato, y otros que lo hacían con la parte más sutil. Y creo que había otra gran ventaja, el tiempo del programa (30 min. aproximadamente). Era un programa con mucho ritmo, las cosas no duraban más de lo que debían. Ésta es una tendencia bastante generalizada, alargar las cosas, que surge involuntariamente. Esto era en parte presionados por nuestro formato. Permitía que tú estuvieses viendo El Informal y supieses que a los treinta segundos iba a pasar algo nuevo, y por tanto podías esperar para engancharte a algo nuevo. Otro aspecto fundamental era la libertad en la redacción, para crear sin miedo a penalización etc. Fue un entorno muy creativo. Había muchas ideas, que surgían no de decirle a la gente lo que debía hacer sino de darles libertad. Y los videos se guardaban hasta el momento ideal para emitirlos. Si hubiésemos hecho lo que a mí me gustaba, quizás el programa hubiese fracasado. Necesitábamos muchas cosas diferentes.

– ¿Había muchos vídeos que no se podían emitir?

J. C: No muchos. La gente sabía lo que era el programa y, bueno, podía haber días en los que el guionista, o nosotros en el doblaje, no estuviésemos muy inspirados. Que no se pudiesen emitir por contenido no hubo prácticamente ninguno.

– ¿Por qué dejó de emitirse El Informal? ¿La audiencia ya no lo seguía?

J. C: No, yo creo que no. Fue una decisión de Paolo Vasile, el consejero delegado de Telecinco. Es cierto que nosotros habíamos bajado de audiencia en los dos últimos meses, pero eso tiene una fácil explicación. La 2 emitía en nuestro mismo horario el resumen de Operación Triunfo primera edición. Era de esperar que volveríamos a nuestros antiguos índices de audiencia al terminar el concurso. Yo no sé muy bien las causas de por qué se retiró el programa, porque nunca nos las explicaron bien.

– Y luego pusieron Pecado Original

J. C: Sí, se alimentaba de muchas ideas que había introducido El Informal pero no era lo mismo. Hay determinadas cosas que no se pueden decir con la voz en off, hay cosas que las tiene que asumir el responsable del programa, poner la cara. Poner a parir a nosequién sin ningún argumento y con una voz en off lo puede hacer cualquiera. Salir a dar la cara es un signo de valentía y de responsabilidad con el programa.

– Es importante preguntar a un humorista sus principales influencias…

J. C: Para mí los números uno fueron Tip y Coll. Humor absurdo, genialidad… Gila me gustaba, pero era el recurso de las conversaciones telefónicas. A mí me resultaba muchas veces más entrañable que divertido. Marcó una época pero si tengo que elegir me quedo con Tip y Coll.

– ¿Qué te parecen los nuevos formatos de humor que están apareciendo?

J. C: Camera Café me parece una gran idea, muy bien hecho el casting, con grandes actores. Tiene la ventaja de los programas que duran poco, como decía antes con El Informal, la gente puede engancharse cuando quiera. Los monólogos… mantengo las distancias con ese formato. Yo creo que deben reflejar la forma de pensar de quien te los cuenta (la mayoría de las veces no es quien lo ha escrito). Y no creo en ese formato (Club de la Comedia) donde tienen a un equipo de guionistas escribiendo a diestro y siniestro para que los cuente quien sea. A mí me gustan los monólogos de Buenafuente. Él tiene su equipo que los preparan para él, y para que él les dé su particular forma de ver las cosas. Si a ti un guionista que no conoces de nada te da un texto ya hecho, te da pocas posibilidades de dar tu visión. Hay algunos que lo hacen muy bien y puedes pasar un rato divertido, pero me falta creerme lo que me dicen. Aparte de un abuso cada vez más evidente. Con decir “un taco” ya se es el más gracioso. Los ves y cada vez que terminan sueltan un “¡Joder!”, y ya todo el mundo a reír. Me parece un recurso ya muy visto. La Hora Chanante (ahora Muchachada Nui) la he visto poco, pero me parece por lo menos novedosa. Te puede gustar más o menos, pero es algo no visto y eso es digno de apreciar.

– ¿Consideras a Buenafuente, Crónicas Marcianas o los inicios de Esta Noche cruzamos el Missisipi como formatos de humor televisivo?

J. C: El Missisipi y Crónicas Marcianas tenían dosis de humor, pero no pasarán a la historia por sus aportaciones a éste. El Missisipi tenía más, y yo creo que Sardá en un principio también tenía esa intención. Pero el programa se le fue convirtiendo en otra cosa, y en un sitio donde el que tenía la razón era el que más gritaba. Y eso son valores que se transmiten.

– ¿Tienes algún nuevo proyecto para televisión? (aparte del programa que dirige en Telemadrid Metro a Metro)

J. C: Ahora mismo, entre la radio y la tele, tengo unas jornadas que no da tiempo ni a pensar cuando terminas. No lo sé, en esta profesión vives un poco a remolque de lo que surge.

– Finalmente, ¿dónde prefieres trabajar? ¿en la televisión o en la radio?

J. C: Yo me siento más a gusto en la radio, que además te permite más diversidad. La televisión me gusta pero las exigencias son mucho mayores. En la televisión necesitas mucho más trabajo y tiempo para desarrollar las ideas. Tiene que estar todo muy preparado para que las cosas se vean.

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La Psicodelia, reflejo de los sueños del 68

  El pasado miércoles 30 de abril, Sergio Guillén y Andrés Puente presentaron su nuevo libro “psicodelia americana. el sonido de la contracultura”. El lugar elegido por estos prolíficos escritores musicales de los últimos tiempos fue la madrileña Casa del Libro, donde también aprovecharon para firmar algunos ejemplares.
  “Psicodelia americana. el sonido…”, ya había salido al mercado a finales del pasado 2007 por medio de la editorial Milenio y su colección Música. El director de esta colección, Javier de Castro, junto a José Miguel López (director del programa “Discópolis” de RNE/R3) se encargaron de flanquear y presentar a los autores en el pequeño salón de actos del comercio que presentaba un aforo completo. Se observaba un ambiente de confianza, de gente que se conoce entre sí. De Castro fue breve queriendo ceder rápidamente la palabra a los autores y también tuvo que ser él, muy a su pesar, quien les animase a acabar una vez el tiempo estaba encima. José Miguel López recordó aquellos años y su escaso reflejo en España, donde no llegó con tal fuerza aquella revolución. Enumeró algunas de las influencias más importantes como el LSD, la guerra de Vietnam o los movimientos pro derechos de los negros, pero también dejó que fuesen los autores quienes se explicasen.

  Andrés Puente y Sergio Guillén, redactores del portal de música en Internet www.renacerelectrico.com, trataron de hacer un repaso a su publicación siguiendo el mismo orden establecido por ellos en ésta. Estaba claro que no podían destriparlo pero sí dar algunas indicaciones sobre su proceso de creación y venderlo un poco. Son unos autores jóvenes que no han vivido la psicodelia, esto lo recordaba sorprendido José Miguel López, y que tampoco ha sido el género que más les ha gustado, sólo entra dentro de su amplía melomanía como ellos mismos confesaron. El libro lo escribieron a encargo de De Castro y posee una documentación e investigación muy interesante.

  Es un libro, un libro sobre música, que se disfruta asesorado por www.youtube.com o páginas similares que nos den una muestra factible de todo eso que leemos, tantos grupos que no conocemos y que, sin duda, nos entrarán mucho mejor a través de los ojos. El libro incluye, al final de sus 160 páginas, la letra de algunas de las canciones más significativas con su traducción. Es interesante leer los sentimientos a ritmo de rock que cantaban a finales de los 60 The Doors o Creedence Clearwater Revival (“Unknown Soldier” y “Fortunate Son” respectivamente, por ejemplo). Pero esas letras no están referenciadas en el desarrollo del libro, puede pasar que uno no recaiga en ellas hasta terminarlo…

  Quizás el único problema que se le pueda encontrar a este libro sea la cantidad ingente de nombres aparecidos que ralentizan la lectura amena. Y , por perderse entre tanto nombre, una falta de explicaciones más esenciales, concretas o anecdóticas de lo que fue la psicodelia, su origen, desarrollo, etc. Son largas explicaciones que sacian a los familiarizados con este mundo pero que turban a los no iniciados.

Excuse me while I kiss the sky

TODOS LOS HOMBRES DEL PRESIDENTE Y EL WATERGATE, UN TRABAJO BIEN HECHO

All the president’s men o Todos los hombres del presidente, como llegó traducida a España, es una de las películas que mejor ha reflejado la realidad del periodismo. Más concretamente la de una redacción de periódico, la del Washington Post, en un momento tan interesante como la investigación del caso Watergate.

La película, dirigida en 1976 por Alan J. Pakula y protagonizada por Robert Redford (también productor) y Dustin Hoffman, fue galardonada con cuatro Oscar. Se trata de la adaptación cinematográfica del libro de los dos periodistas que protagonizan el film, Robert Woodward y Carl Bernstein, quienes desataron el escándalo del Watergate.

Robert Redford decidió producir este film por lo interesante que podía llegar a ser para el público y esclarecedor de todos los hechos. Con esta película la gente entendería el enorme trabajo de unos periodistas que se habían esforzado por hacerlo bien. Finalmente Redford terminaría protagonizando la película, encarnando a Robert Woodward, junto a Dustin Hoffman que representaría a Carl Bernstein.

La película narra como los periodistas van tirando de un pequeño hilo hasta llegar a derrocar a un presidente. Unos hombres de la CIA son descubiertos en la sede general del Partido Demócrata, todo apunta a espionaje pero eso hay que probarlo y demostrarlo. Esa es la labor del periodista. Dos jóvenes periodistas con ambición y trabajo duro son una buena combinación para conseguir grandes resultados.

Woodward y Bernstein no están solos. Necesitan que sus jefes, los que aparecen luchando por la agenda de noticias a incluir en el periódico, les den su voto de confianza. Así ocurre y, no sin muchos contratiempos, terminan consiguiendo algo que ni siquiera esperaban. Cuanto más alto se sube más alta es la caída, pero Woodward y Bernstein saben aterrizar suavemente respaldados por la honestidad y el trabajo bien hecho.

Es muy interesante como el film refleja el trabajo de Woodward y Bernstein respecto a las fuentes. Su empeño por contrastar todas las informaciones, su manera de entresacar las palabras a los afectados de forma no comprometedora e inventando una nueva forma en cada ocasión. Woodward y Bernstein van aprendiendo de sus errores, no se dan por vencidos y aguantan la embestida de quienes, como los políticos tramposos de la película, engañan y hacen todo lo posible por conservar su posición.

 

P. D: Es muy recomendable que veáis la película en versión original, subtitulada o sin subtitular depende de vuestro nivel de inglés que la película es estadounidense. Es algo recomendable con todas las películas, ya que es tal y cómo se han concebido y no una adaptación, pero con ésta especialmente por su mal doblaje. Sobre todo es malo el de las escenas añadidas que resulta incluso gracioso de lo incomprensible que resulta. Además son escenas de las que, presumiblemente, prescindieron en el metraje original y que realmente no aportan nada. Sólo sirven para distraer la atención. ¿Tan difícil era ponerles unos subtítulos? 

Las entradas

Para cerrar este ciclo iniciado con los dos anteriores blogs, vamos a hablar acerca de las entradas de los conciertos. Un tema a tratar ya que podría decirse que se ha convertido en un problema.

Como ya habréis observado muchos de vosotros, las entradas son ahora fotocopias o cartones amarillos que uno ya conserva casi por obligación interna, porque no son ni bonitas ni exclusivas. Desde la popularización de Internet, las empresas de venta de entradas por este medio han ido creciendo cada vez  más. Hasta llegar a la actualidad donde tienen un verdadero monopolio. Están Serviticket.es, Elcorteingles.com o Entradas.com, pero quienes dominan realmente el negocio son Servicaixa y Ticktackticket.

La primera ofrece una amplia oferta de diferentes espectáculos aparte de los conciertos. Eso sí, todos tienen en común sus altos precios y los bonitos cartones amarillos. Estos últimos pueden servir de soporte tanto para una entrada de cine como para la de un concierto o la de un gran premio de Fómula 1. Sin más diferencia entre ellas que las letras.

La segunda está más centrada en las entradas de conciertos y festivales musicales. En un principio estuvo ligada al BBVA y es la filial española de la multinacional Ticketmaster. A algún fan de Pearl Jam es posible que le suene este último nombre. La banda de Seatle luchó durante un tiempo contra las abusivas comisiones de esta multinacional, las cuales consideraba que perjudicaban a su público y por tanto a sus conciertos. Tras intentar reducir mediante acuerdo las comisiones de Ticketmaster y no conseguirlo, Pearl Jam trataron de vender sus entradas por medio de canales alternativos. También se sucedieron varias demandas judiciales y, finalmente, la presión de Ticketmaster terminó disuadiendo al conjunto liderado por Eddie Vedder.

Ticketmaster es una empresa nacida a finales de los setenta que revolucionó el mercado de la venta de entradas gracias a su sistema informatizado. Éste conseguía que desde cualquier punto de venta de entradas del país (EE UU) se pudiesen conseguir las entradas deseadas, y no las localidades que le habían llegado al vendedor que era lo que pasaba antes. Aquí sólo había que ser rápido y conseguir las que querías antes de que te las quitasen, más o menos como ahora. El problema de Ticketmaster, como de tantas otras empresas, es cuando pasan a dirigirlas empresarios que sólo buscan dinero y la empresa se aleja de sus orígenes.

El ejemplo está en Ticktackticket. Cobran una comisión diferente, no muy humilde (por ejemplo 3,50€ sobre 65€), según el espectáculo. Prestando siempre el mismo servicio. ¿Gastos de distribución? Seguramente sería más caro antes distribuir todas esas entradas por los diferentes puntos de venta. Y ya que han reducido sus gastos, ¿no podrían pulir un poco esas entradas? Pero no, cobran comisiones sobre el precio del cartel. Eso provoca un considerable desgaste para el comprador, el cual se ha esforzado para conseguir el dinero de su entrada sin contar con las oportunas comisiones. Según política de empresa Ticktackticket no cambia las entradas, aunque se pueda demostrar que se han comprado, y su linea teléfonica es cara y lenta (como la mayoría de estos servicios).

¿Esto es el progreso? El de algunas cuentas bancarias. La entrada del concierto de los Lendakaris Muertos me costó, en venta anticipada, 9€. En taquilla costaba 12€. Los precios de los conciertos de la Gruta rara vez superan los 20€, si lo han hecho alguna vez. ¿Por qué es así? Ellos mismos venden sus entradas y ¡tienen color!. Y aparte de ofrecer conciertos casi todos los días y dar oportunidades a grupos noveles, también traen actuaciones de grupos extranjeros. No parece que la cosa sea tan dificil. Sólo hay que fijar esa comisión en un precio razonable, sumarla al precio de la entrada y que así aparezca en el cartel (sino es publicidad engañosa). Y que mejoren la calidad de las entradas, todos melómanos, etc. lo agradecerán profundamente.